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Hacia la primera profesión, Emiliano Arruabarrena - Salesianos ARS
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Hacia la primera profesión, Emiliano Arruabarrena

¡Hola a todos! Me llamo Emiliano Nahuel Arruabarrena, y el 4 de febrero de 2017, en Junín de los Andes, estaré realizando mi primera profesión religiosa como Salesiano de Don Bosco.

Tengo 28 años y nací en la ciudad bonaerense de La Plata. Allí me crié y viví hasta empezar el camino de formación dentro de la Congregación, allá por el 2014. Soy hijo de Rosita y Guillermo; hermano de Juan, Federico, Gonzalo y Matías; y tío de Jazmín, Amelie y Thiago. ¡Y sobrino y primo de una gran familia!

Hasta el momento de empezar mi camino de discernimiento y acompañamiento en Casa Emaús (Bahía Blanca) trabajaba en una Obra Social OSDE, y estudiaba la licenciatura en Administración en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de La Plata, donde también me desempeñaba como ayudante alumno y tutor en la cátedra de Administración I.

Mi relación con los Salesianos de Don Bosco comenzó casi desde el vientre materno: mis hermanos estudiaban en el Colegio San Miguel de La Plata, y mis tíos son Salesianos Cooperadores por lo tanto la familia siempre estuvo muy vinculada a la casa. Es por eso que, siguiendo el paso de mis hermanos, empecé el jardín de infantes en el mismo colegio que ellos.

En San Miguel y de la mano de los salesianos, especialmente del padre Eugenio Rolheizer, del hermano Tito Rossi y del padre Rafael Mañas, encontré un segundo hogar. Allí conocí a Jesús, a nuestra Mamá Auxiliadora y a Don Bosco, y empecé a sentirme parte de una gran familia… Ver a los Salesianos esperándonos en el patio siempre con una sonrisa y los brazos abiertos para hablar con nosotros, marcó mi corazón a fuego, y me hizo sentir amado por Dios y por Don Bosco hasta el día de hoy.

Al terminar la vieja EGB en el colegio salesiano, y tuve que elegir otros rumbos porque en ese momento la escuela no tenía educación Secundaria. Mi vida continuó su como la de muchos adolescentes: me gradué de Bachiller en el Liceo Víctor Mercante de la UNLP, y luego comencé a estudiar una carrera universitaria. En 2007 comencé a trabajar en la facultad; y un año después al estudio le sumé el trabajo. En ese entonces, mi corazón no paraba de dar gracias a Dios por tantos regalos recibidos.

Cuando menos lo esperaba, sentí que Dios me estaba llamando a hacer un cambio en mi vida. La seguridad que hasta ese momento sentía, parecía desmoronarse para darle lugar a las dudas, los miedos y las preguntas. Allí, gracias a la presencia providente del Buen Dios, conocí al padre Hugo Izurieta quien me guio y ayudó, con libertad y respeto, en el proceso de discernimiento para ver qué era aquello que me pedía Dios. ¡Rezar fue el elemento clave! Y así, las dudas se fueron aclarando, los miedos se fueron disipando, y las preguntas fueron encontrando respuesta: Dios me estaba llamando a ser Salesiano de Don Bosco y dedicarle mi vida a los jóvenes más pobres.

En 2014 empecé el acompañamiento en Casa Emaús, donde viví dos años muy felices realizando el peregrinado y el prenoviciado. Gracias al acompañamiento de la comunidad y a la formación recibida fui confirmando cada vez más el llamado que sentía en mi corazón. Es por eso que, confiando en Dios, en 2016 empecé el Noviciado Salesiano en Alta Gracia, donde compartí el camino de las búsquedas con doce hermanos más de Uruguay, Chile, y otros dos de Argentina; además de los cinco Salesianos que nos acompañaron (¡una comunidad de 18 personas!). Aquí pude conocer más a Don Bosco y al proyecto de Vida que él soñó para los salesianos, conocer otros aspectos de la vocación consagrada y seguir configurando mi corazón con el Jesús que se juega por entero por los pobres, los marginados, los que sufren.

Cada día que pasa voy reafirmando y eligiendo nuevamente ser parte de este hermoso proyecto de Dios en favor de los jóvenes, para amarlos, y que puedan sentirme amados.

Es por eso que, el 4 de febrero, en compañía de mi familia, amigos y hermanos salesianos le daré formalmente mi “sí” a Tata Dios para dedicarle mi vida por completo por medio del servicio a los jóvenes más pobres y de todos aquellos que más lo necesiten; queriendo vivir a fondo aquello que mis padres y padrinos decidieron por mí el día de mi bautismo.

Porque, como versa el lema que hemos elegido con mis hermanos para nuestra profesión, creemos que “Dios existe, y su amor puede llenar una vida”.

¡Cuento con sus oraciones! Un abrazo grande, y hasta siempre…

 

Emiliano.

 
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